Andalucía

El pasado mes de Octubre, después de tener que aplazar esta ruta por motivos de salud, hice la ruta por Andalucía. Esta ruta me llevaría a recorrer sus ocho provincias, Murcia y Alicante, así como lugares tan singulares como Cabo San Vicente en Portugal, Tarifa -punto más meridional de Europa- y Cabo de Gata en Almería. Una ruta que tuvo un poco de todo, y sobre todo tuvo momentos inolvidables.

Día 1: Barcelona – Riópar

El primer día de ruta me llevaría desde Barcelona hasta Riópar, situado en la sierra de Albacete, al sur de la provincia. Al igual que en la ruta hasta Cabo da Roca, opté por ir por las costas de Garraf, Tarragona y Valencia, pero a diferencia de aquella vez, ésta continué por Almansa hasta Liétor, donde me encontré con Jebe, creador del foro www.derbiterra125.net.

Después de degustar un delicioso gazpacho manchego y ponernos al día, visitamos Ayna, uno de los escenarios donde se rodó ‘Amanece, que no es poco’ y que es conocido como la Suiza de la Mancha. Gracias a los conocimientos de la zona de Jebe fuimos por la carretera que atraviesa la garganta que forma el Río Mundo hasta llegar a la carretera que lleva a Riópar.

En la zona elevada de Riópar Viejo, donde hay unas vistas espectaculares sobre el valle, me despedí de Jebe hasta la próxima ruta y partí hacia donde había reservado para dormir: en el Albergue los Chorros. Tocaba ya descansar después de casi setecientos kilómetros de ruta y vistas espectaculares, sobre todo desde Almansa.

Día 2: Riópar – Córdoba

El segundo día tenía como destino Córdoba pasando por la sierra y el pueblo de Cazorla. De por sí la ruta era interesante, pero ya comenzaba con un escenario bien espectacular: el nacimiento del río Mundo, justo a la salida de Riópar, camino de Siles. Un sitio realmente hermoso que he marcado en mi lista para volver.

Una vez visitado el nacimiento del río Mundo comenzaba la ruta propiamente dicha de esta segunda jornada. Iba a recorrer el parque natural de la sierra de Cazorla, Segura y las Villas hasta la población de Cazorla y, lo que es más importante, por fin entraría en Andalucía con mi Terra. Desde Riópar hasta Cazorla fueron ciento veinte kilómetros de una de las carreteras más bonitas por las que he circulado. Sólo había una cosa que me llamaba la atención: ¿por qué casi todos los coches circulaban por la izquierda? No he encontrado respuesta todavía.

Cazorla era parada obligatoria para visitar este bonito y pintoresco pueblo, donde pude relajarme mientras paseaba por sus calles y contemplaba las vistas desde el balcón Pintor Zabaleta, donde se podía observar el castillo y la Sierra que se alza a espaldas de las casas. Aproveché para comer en un restaurante de la plaza Santa María que me recomendaron la gente del pueblo y acertaron por completo.

A partir de aquí, la ruta continuó por carreteras mucho más rectas y autovías que recorrían extensos paisajes de olivos. Otro dato a destacar del recorrido hacia Córdoba es que circulé por la A-4. Este simple hecho tiene la importancia de haber circulado con mi Terra por todas las carreteras radiales del Estado, alguna de ellas casi de forma íntegra hasta el km 0.

Una vez llegado al hotel de Córdoba y quitado el disfraz de motero era momento de visitar el casco antiguo y la mezquita. Una verdadera lástima que tan solo tuviera una tarde para poder disfrutar de esta maravillosa ciudad, ya que me habría podido quedar un par o tres de días como mínimo para hacerlo en condiciones.

 Al día siguiente tocaba encarar uno de los objetivos principales de la ruta: Cabo de San Vicente en Portugal.

Día 3: Córdoba – Cabo de San Vicente

Dada la distancia a recorrer, el tercer día comenzaba bien temprano. Al salir de la ciudad de Córdoba hacía bastante fresco, por no decir que llegaba a hacer un punto de frío.

Camino de Lora del Río hice parada en Posadas para desayunar, repostar y comprar provisiones. Podría haber ido por el camino más fácil, pero tenía curiosidad por conocer la Sierra Norte de Sevilla. Los paisajes y las carreteras que discurren desde Lora del Río hasta Santa Olalla del Cala cruzando Constantina, Cazalla de la Sierra y El Real de la Jara son de una belleza difícil de describir. Pueblos de casas blancas, carreteras que cada vez más sinuosas, estrechas y cuyo firme te hace recordar tiempos en que todo tenía más olor a aventura son algunos de los elementos que me encontré en esta zona de Sevilla.

 

Entré por Portugal en dirección a Beja para acercarme lo antes posible a la costa oeste. La intención era llegar con el mayor margen de tiempo a Cabo de San Vicente antes de la puesta de sol. Cuando se da la ocasión de poder ver una en lugares como éste se ha de hacer bien, disfrutando de cómo van cambiando los colores del cielo, de los reflejos en el mar y del juego del sol con las nubes a medida que se va poniendo hasta desaparecer completamente por el horizonte. Sobre el mapa, las carreteras camino del cabo parecían bastante sencillas de recorrer, pero nada más lejos de la realidad. Lo sinuoso del trazado le añadía bastante diversión a pesar de que tardaría más en llegar. El desconocimiento de la zona no me permitía tener la tranquilidad de saber si llegaría a tiempo a Cabo de San Vicente y le sumaba más emoción para alcanzar el objetivo. Afortunadamente lo logré con un margen de casi dos horas antes del ocaso para poder disfrutar del momento de llegar al punto más suroccidental de Europa.Comparado con Cabo da Roca, el punto más occidental del continente, la afluencia de turistas era mucho mayor. Hecho que le quitaba cierto punto de misticismo, aunque de ningún modo se podía negar la belleza del lugar.

Después de visitar el faro y alrededores, descansar y comprar el típico recuerdo del lugar en la típica tienda que no puede faltar en sitios así, me dispuse a buscar una zona  donde disfrutar de la puesta de sol. Enseguida encontré un saliente de los acantilados cercanos al cabo, con el faro en el horizonte, una pequeña playa en el fondo de los mismos y con las gaviotas revoloteando a mi alrededor. Con ese marco incomparable, tuve ocasión de contemplar una de las puestas de sol más bonitas que jamás haya podido ver.

Fue un día largo y duro, pero valió la pena. Y aún faltaba lo mejor: Tarifa.

Día 4: Cabo de San Vicente – Tarifa

Una vez alcanzado el primer objetivo de la ruta, Cabo de San Vicente, era momento de encarar el segundo: Tarifa, el punto más meridional de Europa. Como el día anterior, opté por salir bien temprano debido a la larga distancia hasta el destino.

Mi intención era ir por carretera para disfrutar más de la orografía, los paisajes y pueblos del Algarve portugués, pero después de casi treinta kilómetros de carretera con rotondas cada poco decidí ir por autopista con tal de acortar lo máximo posible el tiempo de ruta. Tenía  que tener en cuenta que iba en sentido Este y la puesta de sol sería más temprana de lo que había sido en Cabo de San Vicente.

En Lepe hice la primera parada después de entrar en España, donde me aprovisioné de comida y gasolina. Posteriormente, en Sevilla, compré un chubasquero y ropa de abrigo debido al mal tiempo que estaba previsto para el día siguiente. Era el momento de encarar de forma definitiva la ruta hasta Tarifa, no sin antes visitar Cádiz, ciudad a la que siempre he querido ir, sobre todo desde el día que vi por televisión el Puente de la Constitución de 1812 o puente de la Pepa: una obra de ingeniería espectacular y hermosa, tanto si se contempla desde la bahía como si se circula por él y que se inauguró con motivo del paso de la Vuelta Ciclista a España de 2015 en la etapa que terminó en Vejer.

 

En viajes tan largos como este de Andalucía se dan muchas circunstancias divertidas y curiosas. Una de ellas fue el simple hecho de comenzar a recorrer desde el km 0 la N-340, carretera que comienza en Cádiz y termina en mi ciudad natal, Barcelona, después de más de mil tres cientos kilómetros de recorrido. Antes de llegar a Tarifa hice parada en Vejer de la Frontera para dejar algunas cosas en el hostal El Mirador, donde me iba a alojar esa noche. Desde aquí quiero darles las gracias por la amabilidad y el buen servicio que me dieron, además de todos los consejos para disfrutar de mi estancia en Tarifa y Vejer.

Después de recorrer el corto trayecto que separa Vejer de Tarifa alcancé finalmente mi objetivo: punto más meridional de Europa. Éste simple hecho ya tenía importancia por sí mismo, tanto para mi Terra como para mí, pero además significaba que había completado el reto de estar en los cuatro puntos extremos de la Península Ibérica: Cap de Creus, Estaca de Bares, Cabo da Roca y Tarifa. Alcanzar un cabo te hace tener una sensación especial, pero Tarifa tenía algo diferente. Tal vez el hecho de que la ciudad estuviera al lado mismo no lo hacía tan salvaje como los otros cabos. Tal vez porque todo el que se acercaba hasta allí sabía que estaba en un lugar especial dando lugar a cruces de miradas, sonrisas  y saludos como si ya nos conociéramos. Tal vez el ambiente surfero típico de la zona tuviera algo que ver. Tal vez poder contemplar África, el Atlántico y el Mediterráneo desde un mismo punto. O tal vez, fueran todos estos factores juntos. Contemplar la puesta de sol desde Tarifa me hizo llegar a una sensación de paz y calma que compensaba todo el esfuerzo por llegar hasta allí.

Camino de vuelta al hotel de Vejer, siguiendo las recomendaciones de mi amiga Lola, decidí visitar Zahara de los Atunes. Desde sus playas me relajé observando las luces de Tánger en el horizonte mientras escuchaba el sonido del mar de fondo. En ese momento me vino a la cabeza una reflexión que me hacía tener sensaciones extrañas: dos mundos tan distintos como África y Europa, separados por tan poca distancia.

Una vez en Vejer, una población realmente preciosa, tocaba preparar la ruta para el día siguiente con destino a Granada, primer día de la segunda mitad de este magnífico viaje.

Día 5: Vejer – Granada

Una vez alcanzados cabo San Vicente y Tarifa era momento de encarar la segunda mitad del viaje. El primer día me llevaría hasta Granada por el Parque Natural de los Alcornocales y Ronda.

Visité Vejer antes de iniciar la ruta. Paseé por su casco antiguo lleno de casas blancas, completamente desierto. La paz que transmitían sus calles invitaba a quedarse más tiempo. Eso, y la amenaza de tormenta inminente. Aproveché para conversar con los lugareños mientras desayunaba en el único bar que estaba abierto.

De vuelta al hostal comenzó a llover muy fuerte tal como estaba anunciado. Hubo un instante en el que me paré en un portal y viendo el panorama por un momento pensé… “Y si hoy me quedo aquí…” Un pensamiento que recordaré durante mucho tiempo por todos los acontecimientos que se sucedieron a lo largo del día.

Al salir de Vejer dirección Ronda la lluvia era realmente intensa y la temperatura había bajado bastante respecto a los días anteriores. Fue en ese instante cuando agradecí haber comprado el chubasquero y la ropa de abrigo en Sevilla. A medida que iba avanzando la lluvia arreciaba más y al ir ganando altura dentro del Parque Natural había bastantes tramos en los que la niebla hacía acto de presencia. En  algunos incluso la visibilidad era bastante reducida. En cualquier caso estaba disfrutando mucho por el sinuoso y estrecho trazado de la carretera, por el paisaje montañoso y los pueblos de casas blancas que iba atravesando. Sólo la diferencia entre los nombres de las carreteras con lo que me marcaba el GPS impedía que el día fuese perfecto al tener que parar y comprobar la ruta en cada cruce con los guantes empapados.

En ciertos tramos la niebla hacía pensar que estaba en algún paisaje del norte de Europa o del Reino Unido en vez de las montañas de Cádiz. Era una sensación extraña y embriagadora. Y muy…, ‘enfriadora’… Qué bien me sentó el café que decidí parar a tomar en cuanto encontré un bar aún sin haber llegado a Ronda, que era mi primera parada del día.

Hasta que no llegué a esa primera parada, tres horas después de salir de Vejer, no comenzó a aflojar la lluvia. Aún así el suelo resbaladizo hizo que me patinara la bota en un momento en el que me bajé de la moto y esta cayó encima de la pierna. Por suerte la misma bota  me protegió, ya que quedó la pierna atrapada entre la estribera y el bordillo. De no ser así seguramente estaríamos hablando de una fractura casi con toda probabilidad de la manera más tonta. Desde aquí dar las gracias a la gente que se paró a ayudar a levantar la moto y que se preocupó por mí.

Ronda es un pueblo en el cual valdría la pena pasar un fin de semana. Su famoso puente y su casco antiguo son ideales para desconectar de las grandes ciudades. Una verdadera pena que las inclemencias del tiempo no me dejaran disfrutar en condiciones de su esencia. La realidad es que estaba deseando llegar a Granada para poder darme una ducha de agua caliente y relajarme en el hostal: la caída me dejó un poco bajo de ánimos.

A partir de Ronda carretera más recta, autovía y sin lluvia. Por suerte y a pesar de los contratiempos, iba a llegar pronto a Granada para poder visitarla con tranquilidad. Pero como no hay dos sin tres (lluvia y caída), al salir de la autovía para entrar en el núcleo urbano de Granada la moto dijo basta.

No había manera de que al dar gas acabara de superar el ralentí y siempre se paraba. Después de comprobar lo básico varias veces con Danny Motos al teléfono (muchas gracias por atenderme desinteresadamente en festivo) y también siguiendo los consejos de Retor y Jebe durante más de una hora y ver que no arrancaba, decidí llamar a la asistencia.

Desde aquí quiero dar las gracias a Retor. Hacía poco que se había mudado a Granada con su familia por motivos laborales. Me pasó a recoger y me acercó hasta el hostal donde estaba alojado. Sí, finalmente estaba en el hostal y me di mi ducha caliente, pero sin moto.

Al menos por la noche pude aprovechar para visitar el Generalife de la Alhambra, un lugar que transporta en el tiempo y hace soñar con querer vivir en la época de las mil y una noches. He de decir que me sentó genial después de un día lleno de circunstancias adversas. Y sin saber si al día siguiente podría continuar ruta. Entonces me acordé de lo que pensé por la mañana en Vejer: “Y si hoy me quedo  aquí…”.

Día 6: Para casa

Al levantarme en Granada tenía la esperanza de que lo que le pasaba a la moto fuera una tontería. La asistencia acercó la moto hasta un taller cercano al hostal. Estuvieron una hora tratando de ver si funcionaba con normalidad pero seguía sucediendo lo mismo, no acababa de romper el ralentí al dar gas.

En ese momento tuve que dar por finalizada, temporalmente, mi ruta por Andalucía quedando por recorrer todavía Sierra Nevada, Cabo de Gata en Almería, Murcia y Alicante: las últimas tres provincias de la España peninsular que me faltan por pisar con mi Terra.

El resto de la jornada me dediqué a visitar Granada y gestionar mi retorno a Barcelona con la compañía de seguros. Subir por las calles que llevan hasta el Albaicín y llegar al mirador de San Nicolás para observar no sólo la Alhambra, sino todo el paisaje que se divisa más allá de Granada es una de las experiencias más bonitas que he vivido en esta ruta. Además, el cielo nublado provocaba juegos de luces espectaculares. Muy recomendable parar a tomar unas tapas en la calle Elvira de vuelta del Albaicín, una calle llena de coloridos con comercios y restaurantes muy pintorescos.

Finalmente volví a Barcelona en avión la misma noche. Dar las gracias a la compañía de seguros que en todo momento me pusieron todas las facilidades posibles, desde transporte al aeropuerto de Granada y del aeropuerto de Barcelona a mi casa, así como la repatriación de la moto hasta Danny Motos en Barcelona la semana siguiente.

CONCLUSIÓN

Ha sido un viaje realmente espectacular. He descubierto nuevos lugares, lugares realmente desconocidos y maltratados por la opinión pública en general. Albacete tiene una sierra realmente hermosa, así como la sierra de Cazorla en Jaén. Córdoba, la Sierra Norte de Sevilla, el Algarve, Cádiz, Granada… A falta de lo que me quedó por visitar podría seguir y no acabaría. En cada uno de los sitios citados se podrían estar dos o tres días para conocerlos en toda su esencia y quedarían ganas de volver.

Lo cierto es que existe un mundo más allá de los típicos lugares turísticos que nos están vendiendo constantemente para ir a visitar. Y gracias a la moto estos sitios desconocidos son mucho más accesibles, se viven de una forma diferente y mucho más intensa.

Una verdadera lástima que el contratiempo de la moto me trastocara todo el resto del viaje que tenía planeado. Pero lo que está claro es que a falta de saber lo que le ha sucedido, volveré a retomar la ruta desde donde la tuve que dejar. Finalmente la ruta que hice queda como se ve en el mapa. Queda mucho por recorrer aún.

ACTUALIZACION A MAYO DE 2017

Después de la revisión que le hizo Danny Motos el único problema que tuvo la moto es que una bola de carbonilla se quedó enganchada entre una válvula y su asiento, por lo que no cerraba en el momento de la explosión y no hacía compresión. Una simple cuestión de mala suerte. Ahora mismo la moto se encuentra en rodaje (se ha aprovechado para cambiar aros) y la previsión es que para otoño próximo retome el viaje donde terminó: Granada.

Saludos y V’ss

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