Alicante

330km

Ya sólo quedaban dos días para llegar a Barcelona y el penúltimo de ellos me llevaría hasta Alicante pasando previamente por Cabo de Gata. Por diferentes motivos iba a ser uno de los días más importantes de esta ruta y de todas las que he hecho hasta el momento.

El primero de los motivos era precisamente porque iba a llegar al último de los cabos simbólicos de la Península que me faltaba por visitar: Cabo de Gata. La segunda de las razones era que tenía que encontrar un detalle que mi amigo Oskar me había escondido en su última visita a Cabo de Gata en octubre pasado. Y por último iba a completar el objetivo de pisar todas las provincias de España con la Terra, y así completar a la vez toda la Península Ibérica. Llegó el gran día.

Cabo de Gata se encontraba muy cerca de El Aquián y disfruté del momento con toda su magnitud. Las salinas, la playa de Cabo de Gata y el paisaje lunar del cabo mismo son de una belleza indescriptible, que llega a emocionar. La suerte de ir a primera hora es que no hay mucha gente y le da más misticismo al lugar. Respirando hondo, inundándome los pulmones del aire del Mediterráneo y los ojos de las montañas que caían al mar disfruté de completar el primero de los objetivos.

Una de las primeras cosas que hice fue tratar de encontrar la sorpresa que me tenía guardada desde hacía casi diez meses Oskar en algún rincón del Cabo. Siguiendo las pistas que ma había indicado en su momento me puse a buscar detrás de una roca y… ¡voilà!, ¡lo encontré!: ¡una pequeña concha firmada! Segundo objetivo conseguido.

Pero quedaba el tercer objetivo y no me podía quedar en Cabo de Gata todo el día, aunque con gusto lo hubiera hecho. En ese momento me planteé si no hubiese sido mejor ir la noche anterior que por la mañana. Pero ya no había vuelta atrás. Después de descansar en la cafetería de una gasolinera me dispuse a cruzar el parque natural de Cabo de Gata. És sencillamente espectacular. No me había ido de allí y ya quería volver. Como es de suponer en una zona así el viento es bastante fuerte, pero no importaba. En Carboneras eché el último vistazo antes de dejar la zona y encarar camino hacia Murcia.

La carretera de la costa era realmente era agobiante. La cantidad de gente que había por esas fechas en agosto complicaba mucho avanzar de una manera fluida. En cualquier caso el hecho de ver el Mediterráneo todo el tiempo a la derecha hacía que importara poco eso.

En Águilas, ya en la Región de Murcia, cogí la autovía hasta Lorca donde paré a comer. Tenía curiosidad por conocer el pueblo después del terremoto del 2011. Con Murcia tenía una cuenta pendiente. Nunca había estado y le debía visita por una simple razón: uno de mis bisabuelos era murciano. A pesar de ser casi la última de las provincias por visitar sentí como si la deuda estuviera saldada. Lo poco que traté con la gente me pareció encantadora. Evidentemente como corresponde a agosto, hacía mucho calor, pero poco importaba ya que la ilusión por completar el tercero de los objetivos me hacía olvidar todo.

Llegó el momento de encarar camino hacia Alicante, y lo quería hacer bien. Me fijé cuál era la salida para N-340 desde la A-7 que me llevaría a la frontera con Murcia, aún me acuerdo, la 555. En la autovía no podría pararme a hacer la foto de rigor ni tan siquiera parar a saborear el haber logrado el objetivo. Una vez cruzado El Siscar ahí estaba, el cartel que indicaba la última de las provincias de la España peninsular que me quedaban por visitar: Alicante. Por fin pude completar todo España y Portugal. Todo gracias a mi Terra, que ha aguantado todos los maltratos a los que la he sometido desde el primero de los viajes en el 2011.

Hay que decir que de no ser por la avería de octubre pasado en la ruta a Andalucía en la etapa de Granada ya habría visitado entonces Almería, Murcia y Alicante. También decidí hacer la parte sur de la ruta ibérica después de visitar Portugal porque de esta manera el calor no sería tan intenso. Este factor hizo que por pura casualidad completara el país luso antes. El hecho de poder hacerlo me quita una espina clavada que tenía desde entonces aunque fuera lo último en completar.

Seguí por la N-340 con la intención de evitar autovías, pero avanzar se hacía muy lento debido a la cada vez mayor concentración de pueblos y ciudades a medida que me acercaba a la ciudad de Alicante, así que finalmente decidí optar por la vía rápida, La verdad es que la jornada había sido larga y también intensa. El cansancio acumulado de los días anteriores (llevaba seis días seguidos de ruta en pleno agosto)  también se notaba.

Al llegar al hotel me dí un buen baño y en cuanto descansé un poco me dispuse a visitar la ciudad. Me concentré en el castillo y el casco antiguo. Estaba bastante cerca de todo aunque, como es normal, el castillo estaba en la parte más alta de la ciudad, por lo que tocaba sudar un poco.

Las vistas que hay desde lo más alto del castillo son espectaculares, y tuve la suerte de poder contemplar la puesta de sol con total tranquilidad. Fue como un colofón final a un gran día. Después del castillo me dirigí a visitar el centro donde la cantidad de turismo, sobre todo extranjero, me recordaba mucho a Barcelona. Es lo que tiene el Mediterráneo: atrae.

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