El Aquián

425 km

Después de dos días de ruta casi en familia visitando amigos en Madrid y Albacete llegaba el momento de continuar para completar la ruta ibérica. Me quedaban por recorrer tres días y ya llevaba siete de ruta. La verdad es que me hubiera ido bien quedarme un día más en Peñarrubia para descansar y conocer bien la zona, pero tenía los días justos. Eso me pasa por tener que trabajar…

La ruta del día me iba a dejar a las puertas de atacar uno de los objetivos principales de esta ruta: Cabo de Gata. De Peñarrubia hacia Riópar y desde allí hacia Úbeda, Guadix y subir el puerto de la Ragua, para descender ya hacia El Aquián por las Alpujarras y el desierto de Almería, a tan sólo unos diez kilómetros del Cabo.

La zona sur de la provincia de Albacete, en la sierra, es de una belleza impresionante. Era la segunda vez que la recorría en menos de un año y me seguía sorprendiendo igual que la primera. Pero no tanto como la tercera que iría tan sólo quince días después de esta ruta, en el Rally Pernales. Me dirigí hacia Molinicos y Riópar para allí girar hacia Siles y Úbeda, bordeando el parque natural de la sierra de Cazorla, que lo visité el año pasado en la ruta de Andalucía.

Hice sin parar desde Riópar hasta Úbeda, donde paré a comer. Aquí, como el día de Plasencia el calor era bien intenso y a horas más tempranas. Cómo agradecí llevar la mochila de agua conmigo para ir hidratándome en ruta. La verdad es que me daba un poco de pereza volver a arrancar después de comer pero había que hacerlo. Las temperaturas por encima de los cuarenta grados lo hacían más duro todo.

Úbeda tiene un casco antiguo precioso que da para hacer como mínimo una noche y visitarlo con tranquilidad. De hecho es patrimonio de la humanidad. Otro de los lugares a sumar a mi lista de “pendientes”. Visitar los rincones de esta ciudad en moto no es visitarlo en condiciones, pero me quedaba mucha ruta por delante ese día. Así mismo Úbeda está rodeada de extensos campos de olivos hasta donde alcanza la vista. Podría decirse que la provincia de Jaén huele a olivo.

Saliendo camino de Guadix, que ya iba avisado que era muy bonito, hay una bajada de más de diez kilómetros…, seguido de una subida igual de larga después de pasar la estación de Jódar-Úbeda. Esta subida rodea la sierra de la Mágina, un lugar curioso en medio de los olivos.

Después de la Sierra de la Mágina comenzó a soplar bastante viento hasta que llegué a Guadix, aunque nunca fue peligroso, pero sí incomodo. Este tramo entre Úbeda y Guadix fue el tramo más caluroso de toda la ruta, como era lógico por la época del año y las latitudes en las que me encontraba.

En Guadix sólo me dio tiempo de hacer un tentempié y  subir al mirador de las casas cueva de la ciudad. Otro de los lugares que he de visitar con más detenimiento. Ir en moto te permite reconocer muchísimos lugares de una forma muy fácil. Algunos te llaman más la atención y otros no tanto. Esto te da la oportunidad de preparar viajes centrados a estos sitios que más te han enamorado y seguir descubriéndolos. Este era el caso de la zona de Jaén y Granada por la que estaba yendo.

Siguiendo los consejos de Jebe, natural de la zona, fui por el puerto de la Ragua. Para llegar a la carretera de acceso al puerto había que ir por un tramo de la A-92N que es de lo más “pestoso” que he hecho nunca en moto: asfalto rugoso y roto, pendiente imposible para ser una autovía en ascenso y viento frontal me hicieron ir durante este tramo entre sesenta y setenta kilómetros por hora de velocidad máxima posible. Pero esto quedó en una simple anécdota al llegar al inicio del puerto. Una subida que cruza Sierra Nevada y da acceso al mar. Las vistas que tienes de la zona de Guadix y de la sierra mientras asciendes, el trazado de la carretera, el largo descenso (veinticinco kilómetros) que hay hasta las Alpujarras y las vistas impresionantes hacia el mar hicieron de este tramo una experiencia inolvidable.

Por suerte, y digo por suerte porque todo quedó en un susto, la emoción del momento me hizo emocionarme más de lo que debería en el descenso y en una de las curvas se me fue la rueda de delante. Por acto reflejo puse el pie y pude levantar la moto, pero no porque yo lo hiciera conscientemente, simplemente esta vez no tocaba caerse. La verdad es que me dejó muy mal cuerpo para el resto de la ruta hasta El Aquián. Los moteros nos confiamos más de la cuenta y nos metemos nosotros mismos en situaciones comprometidas.

El resto de la ruta transcurrió atravesando las Alpujarras almerienses para poco después ir llegando al desierto de Almería. Eran realmente preciosos e impresionantes, ver esos paisajes te embriagaba. Además por fin pude pisar la última de las provincias de Andalucía que me faltaban y que me quedó pendiente de la ruta a Andalucía: Almería.

Después de llegar al hotel en El Aquián me fui a dar un baño a la playa, donde el cansancio y el susto se me olvidaron mientras me relajaba y pude contemplar la puesta de sol tranquilamente mientras observaba mi siguiente objetivo: Cabo de Gata.

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